La mente es eterna en la medida en que concibe la cosa bajo la especie de eternidad.

que ambos se han hecho una misma cosa, ya que toda la conciencia está totalmente llena y ocupada por una sola
imagen intuitiva; cuando de este modo el objeto está separado de toda relación con algo fuera de él y el sujeto de
toda relación con la voluntad, entonces lo así conocido no es ya la cosa individual en cuanto tal sino la idea, la forma
eterna, la objetividad inmediata de la voluntad en ese grado: y precisamente por eso, el que está sumido en esta
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intuición no es ya un individuo, pues el individuo se ha perdido en ella: es un puro, involuntario, exento de dolor e
intemporal sujeto de conocimiento. Esto que
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por ahora llama tanto la atención (y de lo que bien sé que confirma la sentencia procedente de Thomas Paine,
Du sublime au ridicule il n'y a qu'un pas12) se irá haciendo cada vez más claro y menos extraño con las explicaciones
siguientes. Eso era también lo que Spinoza tenía en mente cuando escribió: mens aeterna est, quatenus res sub
aeternitatis specie concipit13 (Eth. V, pro 31, esc.)14. En tal
STÁ STE ENTRE NIETZSCCHE I FREUD
SOLO PARA APODER PODER ESCRIBIR DE LO SUY
LA CEICA ERES TU SCHOP
SIGAMOS
CON FETICHES TAROTS
VÍRGENES I VELAS QUE NO VELARORIOS
NNC vi tantas
la mia atentaron y la apagaron finalmente se la impuse métete en la ceica
QUÉ HAY DE TI Y DE MI
CUNADO ESTO FIJO
DESCONCHADOS
NO ERES TU LA REINA
CERRADA
DE ESTE LUGAR
REDENTORA
MECEDARIO LUGAR
NO FALTAN VELAS DE PAGO
LA MIA
FUE LA TUYA
SE CONSUME EN LUGAR SANTO
TENGO TROVBADOR
olamente en la medida en que, según se ha descrito, un individuo cognoscente
se convierte en sujeto puro del conocer y el objeto considerado se eleva a idea, aparece puro y en su totalidad el
mundo como representación y se produce la completa objetivación de la voluntad, ya que solo
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la idea es su objetividad adecuada. Esta encierra en sí el sujeto y el objeto de igual modo, ya que ellos son su
única forma: en ella ambos mantienen el equilibrio: y así como el objeto no es aquí más que la representación del
sujeto, también este, al quedar totalmente absorbido por el objeto intuido, se ha convertido en el objeto mismo, ya
que la conciencia toda no es sino su más clara imagen.

Esta conciencia constituye propiamente todo el mundo como
representación, teniendo en cuenta que a través de ella van pasando en serie todas las ideas o grados de objetividad
de la voluntad. Las cosas individuales de todas las épocas y lugares no son más que las ideas multiplicadas por el
principio de razón (la forma del conocimiento de los individuos en cuantos tales) y, con ello, empañadas en su pura
objetividad. Así como al surgir la idea en ella no se pueden ya distinguir el sujeto y el objeto, porque solo en la
medida en que ambos se llenan y compenetran mutuamente resurge la idea, la adecuada objetividad de la voluntad, el
verdadero mundo como representación, así tampoco se diferencian en cuanto cosa en sí el individuo que aquí conoce
y el conocido. Pues, prescindiendo de aquel mundo como representación, no queda nada más que el mundo como
voluntad. La voluntad es el en sí de la idea que la objetiva perfectamente; es también el en sí de la cosa individual y
del individuo que la conoce, los cuales la objetivan imperfectamente. En cuanto voluntad, fuera de la representación
y todas sus formas, es una y la misma en el objeto con

a más perfecta objetividad de la voluntad: por consiguiente, la historia del género humano, el
amontonamiento de los sucesos, el cambio de los tiempos, las variadas formas de vida humana en los distintos países
y siglos, todo eso es solamente la forma accidental del fenómeno de la idea, no le pertenece a ella misma, única en la
que radica la adecuada objetividad de la voluntad, sino únicamente al fenómeno, que cae dentro del conocimiento del
individuo y es tan ajeno, accidental e indiferente a la idea misma como a las nubes las figuras que representan, al
arroyo sus remolinos y figuras espumosas, y al hielo sus árboles y flores.
Para quien haya captado bien esto y sepa distinguir la voluntad de la idea y esta de su fenómeno, los
acontecimientos del mundo solo tendrán significado en la medida en que sean las letras en las que se puede leer la
idea del hombre, pero no en y por sí mismos. No creerá con el vulgo que el tiempo traiga algo realmente nuevo e
importante, que a través de él o en él llegue a la existencia algo propiamente real, o que él mismo en cuanto totalidad
tenga principio y fin, plan y desarrollo, o que acaso su finalidad última sea la perfección máxima (según su concepto)
de la última generación, que vivirá treinta años. Por eso no establecerá con Homero todo un Olimpo lleno de
LA VERDAD ES FEA
PRECISAMENTE EL ARTE INTENTA SIEMPRE"QUE NO PEREZCAMOS A CAUSA DE LA VERDAD
817 LA VOLUNTAD DE...
SIGUE SCHO
¿Pero qué clase de conocimiento considera lo único que es
verdaderamente esencial en el mundo y existe al margen e independientemente de toda relación, el verdadero
contenido de sus fenómenos que no está sometido al cambio y cuyo conocimiento es por tanto igualmente verdadero
en todo tiempo; en una palabra: las ideas, que son la objetividad inmediata y adecuada de la cosa en sí, de la
voluntad? - Es el arte la obra del genio. El arte reproduce las ideas eternas captadas en la pura contemplación, lo
esencial y permanente de todos los fenómenos del mundo; y según sea la materia en la que las reproduce, será arte
plástica, poesía o música. Su único origen es el conocimiento de las ideas; su único fin, la comunicación de ese
conocimiento. - Mientras que la ciencia, al seguir la continua corriente de razones y consecuencias en sus cuatro
formas, con cada objetivo que consigue es remitida a otro sin que pueda nunca alcanzar un fin último ni una
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completa satisfacción, del mismo modo que no podemos alcanzar andando el punto donde las nubes tocan el
horizonte, el arte, por el contrario, alcanza siempre su fin. Pues arranca el objeto de su contemplación fuera de